Un día el mar juntó la tierra, dejando un profundo azul en el cielo. Todo era silencio.
De un lado sólo se pronunciaba un interminable horizonte que abarcaba por completo el corazón, del otro lado se alzaba una línea infinita que cubría con tenues matices un camino diminuto que se podía recorrer con la mirada; eran dos opuestos que se conjugaban. De pronto, la tierra abrazaba al mar con gran violencia, dejando tras de sí un mundo de infimas esferas que corrían en trepidante carrera, un intento inútil de acariciar la vida bajo aquel estrato. Tan pronto corría el mar, tan pronto la tierra se disolvía, absorbida por aquella furia, así hasta ser la tierra como fango de estero y el mar como lava de volcán. Cuando cesaron las fuerzas, el uno yacía bajo una espesa carga de un apacible y oscuro cristal mientras que el otro reflejaba un cielo, ahora un poco gris por la estática forma de su actual naturaleza. De un lado se extendía una línea infinita que enterraba la mirada en un petrificado tiempo, del otro lado sucedía exactamente igual. Todo era silencio.
Gracias por el tiempo dedicado.
Héctor Moreno ✒️🙏🏼🌻
@_disonancias_


